Miraba sus
ojos castaños oscuros, parpadeaban con intensidad, para dar señal que no quería
asesinar a mis ideas con la mirada; y sé que no quería hacerlo, pero con su poca
empatía y en su comportamiento automático acribillaba sin ningún pudor mis
delicados, apasionados y (no lo negare de ninguna manera) algo densos
pensamientos; los apuñalaba con palabras muy académicas, pero (irónicamente)
reduccionistas, los moldeaba a su perspectiva y antojo, los convertía en frases
flácidas y fáciles de entender, FÁCILES DE ENTENDER, ¿se puede imaginar algo
así?, quería reducir mis ideas, frutos de horas de esfuerzo e incertidumbre, a
frases insulsas sin ninguna profundidad ni contexto.
No espero
que se mal entienda lo que digo, no insinuó que lo “fácil de entender” sea
negativo, incoherente o estúpido, yo digo y creo fervientemente que no se puede
reducir todo, no podemos reducir el mundo, las artes, la naturaleza, el
infinito a una mera frase, una mera palabra, a una mera afirmación.
Bueno, me disculpo,
me equivoque, sí podemos reducir y convertir en cosas fáciles y vacías el mundo,
lo humano y lo mundano; eso se puede y se hace todos los días, lo haces tú con
tus palabras, tus acciones, hasta con tus preciados deseos, y lo hizo esta
mujer de ojos castaños oscuros, lo hizo con ideas que ella ni siquiera había engendrado,
lo hizo con ideas que yo, con esperanza y anhelo había compartido.
Y aquí me
pregunto ¿Cuál es ese deseo incontrolable, ese fetiche sobrenatural de reducir,
simplificar, facilitar todo?, ¿Acaso tendré que apoyar a Kant y decirte una vez
más “! ATRÉVETE A PENSAR ¡”? o ¿Puedo estar la noche en vela, imaginando que
esto hizo pensar a otro ser?
![]() |
| Atrapar ostras Bill Pierre. 1884 |

Comentarios
Publicar un comentario