Miraba sus ojos castaños oscuros, parpadeaban con intensidad, para dar señal que no quería asesinar a mis ideas con la mirada; y sé que no quería hacerlo, pero con su poca empatía y en su comportamiento automático acribillaba sin ningún pudor mis delicados, apasionados y (no lo negare de ninguna manera) algo densos pensamientos; los apuñalaba con palabras muy académicas, pero (irónicamente) reduccionistas, los moldeaba a su perspectiva y antojo, los convertía en frases flácidas y fáciles de entender, FÁCILES DE ENTENDER, ¿se puede imaginar algo así?, quería reducir mis ideas, frutos de horas de esfuerzo e incertidumbre, a frases insulsas sin ninguna profundidad ni contexto. No espero que se mal entienda lo que digo, no insinuó que lo “fácil de entender” sea negativo, incoherente o estúpido, yo digo y creo fervientemente que no se puede reducir todo, no podemos reducir el mundo, las artes, la naturaleza, el infinito a una mera frase, una mera palabra, a una mera afirmación. Bueno...
Lo que tienes que decir es importante, ¡DILO! . Y no olvides, deja que el mundo hable.